martes, 3 de abril de 2012

REFLEXIONES EN TORNO A LA HUELGA GENERAL



 Pasado el momento de la acción viene el de la reflexión. Veamos algunas de las conclusiones políticas que podemos extraer de esta jornada de lucha.
En primer lugar su éxito indudable. Sin entrar en guerras de cifras es indudable que la convocatoria ha tenido un amplio seguimiento, que muchísimas empresas y centros de trabajo han permanecido cerrados, y que las manifestaciones han sido masivas. Si es cierto que en algunos puntos los piquetes pueden haber coaccionado a los trabajadores, también lo es que en muchas empresas se han producido coacciones en sentido contrario, con veladas amenazas de despido a los que secundaran la huelga.
En segundo lugar la afluencia popular a las movilizaciones, algunas de las cuales han transcurrido en medio de actos violentos, muestra un importante descontento, a veces rayando la desesperación, de un sector importante de la población española. Es fácil y cómodo por parte de los gobiernos atribuir estos actos violentos a “grupos radicales antisistema”. Deberían preguntarse porque existen estos grupos y donde reclutan a sus miembros: el paro, la falta de expectativas, la pérdida de derechos, los desahucios, es decir, toda la violencia estructural que el Sistema ejerce sobre la población, son la fuente que alimenta a los grupos “radicales”.
En tercer lugar es evidente que las grandes centrales sindicales (CCOO, UGT, USO) son incapaces de gestionar y canalizar de manera adecuada todo este malestar y descontento. Su única aspiración es entablar negociaciones con el gobierno para limar algunas de las aristas más duras de la reforma laboral. No pueden o no quieren ver que el descontento va mucho más allá. No pueden o no quieren ver que en lugar de mendigar migajas lo que hay que hacer es desmontar el Sistema, el binomio capitalismo financiero-democracia liberal. Son incapaces de oponer la democracia real y social que clama en la calle a la “democracia formal” de los parlamentos.
En cuarto lugar se muestra de forma indudable la posición de enroque absoluto del gobierno conservador, su negación continua de la realidad que a veces raya en lo grotesco. La ministra de Trabajo, esta señora con aspecto de “niña pija”, que habla como una autómata que se ha aprendido bien la lección, ha dicho que está dispuesta a “dialogar con los sindicatos”, pero sin tocar ninguno de los aspectos básicos de la reforma laboral. Es la actitud lógica de quien no gobierna para los ciudadanos, sino para los “mercados”, de quien no tiene el menor margen de maniobra, de quien no es más que una mera delegación de los tecnócratas de Bruselas.
La conclusión que podemos sacar de todo ello es el enorme potencial revolucionario que existe actualmente en la sociedad española, y la inexistencia de ninguna organización capaz de canalizarlo. Ni los sindicatos ni los partidos de izquierda (meros apéndices del Sistema) son capaces de hacerlo. Es la hora de los nacional-revolucionarios. Pero para ponernos delante del descontento popular tenemos que creérnoslo, ser de verdad nosotros mismos y romper de forma definitiva con la ultraderecha.

José Alsina Calvés

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