BOLETÍN INFORMATIVO DISIDENTE NACIONAL REVOLUCIONARIO

martes, 22 de mayo de 2012

EUROPA ENFERMA DE EMPATÍA



Las relaciones entre humanos se presentan a menudo bajo tres formas: simpatía, antipatía, empatía. Conocemos la simpatía y la antipatía, en cambio sabemos menos de la empatía, a veces poco o nada. La empatía, hace falta recordarlo, es la facultad de compartir las emociones de los demás, la facultad de ponerse en el lugar de los otros e identificarse con lo que ellos sienten: dolor, alegría, tristeza, felicidad, etc…
Podemos decir que la simpatía, si se desarrolla puede llevar al afecto, la antipatía puede desembocar en el odio y la empatía es el camino a la compasión.
Contrariamente a lo que podemos pensar, no son la simpatía y la antipatía las que mayor fuerza ejercen sobre los individuos y los grupos. En realidad la empatía tiene un poder mayor para manipular los grupos, las masas: la empatía dirige el mundo. Estamos impregnado hasta los tuétanos de empatía.
Esta facultad de ponerse en el lugar de los demás no es privativo de los humanos: podríamos tal vez considerar que existe cierto grado de empatía entre los animales. Muchas veces hemos vistos esas imágenes de hembras dando de mamar a cachorros de otras especies, perros salvando o auxiliando a otros perros (o gatos o seres humanos), animales consolando a otros que han perdido su prole, animales protegiendo a un moribundo o un muerto de depredadores o de carroñeros, etc…
Esa sería una empatía de instintos. Y los instintos se ponen en acción sin necesidad de impulso pensado. La naturaleza ha dotado a algunas de sus criaturas de la facultad de identificarse con lo que sienten los demás con la finalidad de acudir en su ayuda, aunque esa facultad no la tienen todos por igual, ni los que la tienen la ejercen en cualquier circunstancia, y tampoco de manera similar en todas las especies dotadas de esa posibilidad. Pero esto pertenece más al terreno de la especulación que al de las certezas.
En cuanto a los humanos, la cosa cambia. Aquí el impulso que lleva a la empatía obedece muchas veces no a un natural e irreflexivo instinto animal, sino que es consecuencia de un impulso voluntario, que puede ser genuino o inducido. En la especie humana la empatía alcanza a menudo extremos grotescos, irracionales, enfermizos, degradantes… La gente se emociona y llora ante las tribulaciones de algún “triunfito” o sale del cine deseando matar nazis porque acaba de ver la “Lista de Schindler”. Objetivo cumplido, de eso se trataba.
La mayor manipulación no consiste en crear simpatías o antipatías, sino en crear empatía, no en provocar animadversión o admiración, lo que seguiría siendo algo digno de un ser humano completo, sino compasión. Compasión por cualquiera y en toda circunstancia. Es decir castrar al hombre, volverlo flácido, sin nervio, sin sangre, sin cerebro… Cuando grupos enteros se entregan a esos excesos de empatía, están condenados a decaer, las sociedades y las civilizaciones pueden morir de una sobredosis de empatía.
Hoy Occidente está enfermo de empatía, y su pronóstico es reservado, casi desahuciado.
El español de a pie, el europeo medio, está totalmente adoctrinado. El lavado de cerebro de la “infanteria” occidental es permanente. Para volverla más manipulable, para hipertrofiar su empatía, se le ha prohibido tener simpatías y antipatías: ya no debe preferir a los suyos ni rechazar a los extraños, no debe amar lo propio ni desconfiar de los demás. Por el contrario tiene la obligación de ponerse permanentemente en el lugar de los otros, identificarse con lo que los demás sienten, asumir sus necesidades como propias y sentir compasión por sus miserias.
Debemos ponernos en el lugar de los pobres somalíes y las pobres somalíes que pasan hambre mientras nosotros atamos los perros con longaniza. Debemos ponernos en el lugar de los pobres gitanos rumanos y las pobres gitanas rumanas que no tienen casa mientras nosotros vivimos en chalés adosados con perros bien peinados. Debemos ponernos en el lugar de esos pobres beduinos y esas pobres beduinas que se limpian el culo con la arena del desierto cuando nosotros lo hacemos con papel higiénico de tres capas. Debemos ponernos en el lugar de estos pobres papués y esas pobres papusinas porque tienen que comerse a sus antepasados difuntos mientras nosotros nos atiborramos de mariscos. Debemos ponernos en el lugar de los pobres magrebíes y las pobres magrebíes que no tienen subsidios pagados por los españoles sin haber trabajo un maldito día en sus putas vidas mientras nosotros nos damos la regalada vida. Debemos ponernos en el lugar de esos pobres africanos y esas pobres africanas que todavía no tienen un Mercedes 0 Km a pesar de llevar 3 semanas en nuestro país. Debemos ponernos en el lugar de esos pobres amerindios y esas pobres amerindias que no tienen una boca de Metro o una plaza en propiedad para levantar España como la Pachamama manda. Debemos ponernos en el lugar de esos pobres pigmeos y esas pobres pigmeas que no pueden jugar en la NBA. Etc, etc, etc…
Debemos sufrir por ellos, sentir lo que ellos sienten, identificarnos con sus carencias, debemos comprenderlos, tener atenciones para con ellos, sentir admiración por ellos, sentirnos sus iguales, vivir sus vidas. En definitiva, la empatía por los demás, sean cuales sean y de donde vengan, se ha vuelto OBLIGATORIA.
¡A la mierda con la empatía!

B.D 

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