Cuando George Orwell creo su imaginaria “Policía del Pensamiento” y su “Ministerio de la Verdad”, estaba atacando el estalinismo y sus tentativas de cambiar la sicología humana. Eso es lo que está ocurriendo actualmente en Gran Bretaña con la tiranía de lo políticamente correcto, que debería llamarse “estalinismo cultural”, un régimen de represión ne intimidación en el cual incluso los niños son etiquetados como “racistas”.
La Inglaterra orweliana se vuelve cada día más opresiva. Ya ni se salvan los járdines de infancia de la policía de esa tiranía. El ejemplo más reciente de esta dictatura es la historia de un niño de 7 años, Elliott Dearlove, que ha sido expulsado de la escuela por racista. La dirección de la escuela ha llegado al extremo de pedir a la madre del niño que firmara una declaración reconociendo que su hijo era racista.
¿Qué abominable acto racista habrá cometido este niño para merecer tal ostracismo? Simplemente le ha preguntado a un niño de 5 años en el patio de recreo: “¿Eres moreno porque vienes de África?”. Una inocente pregunta de un niño de 7 años, motivada por la curiosidad infantil ha bastado para acusarlo de racista. ¿Por qué una justa comprensión de las cosas ha de ser considerada como un prejuicio, una agresión o un ataque? La excesiva reacción de la dirección de la escuela nos lleva a pensar que el racismo es definido aquí de manera a incluir no sólo las referencias de odio al color de alguien sino a toda referencia a ese color.
El año pasado el personal de las escuelas británicas denunciaron miles de niños por “racistas” u “homofóbos” por simples peleas de niños en el recreo. 34 000 niños, desde el jardín de infancia a la escuela primaria (de 11 años para abajo), han sido estigmatizados como “racistas” por supuestos “discursos de odio”.
Los ejemplos abundan: un niño es acusado de racista y denunciado ante la Policía por haber llamado “cabeza de brócoli” a un niño africano. Otro es acusado de homofóbo por haber dicho a su maestro que “Este deber es gay”. Una escuela denuncia a un niño de 6 años por haber dicho a un alumno de una minoría étnica: “Tu piel es color caca”. Otro niño de 10 años es llevado ante un juez por haber tratado supuestamente a otro niño de su edad de “paki” y de “Ben Laden” en el transcurso de una pelea en la que el otro niño lo había tratado de “bicho apestoso” y de “Teletubby”.
En el 2006, una escolar de 14 años le pidió a su profesora poder realizar su trabajo con otro grupo ya que en el suyo todos los niños hablaban únicamente el urdu. La profesora llamó a la Policía. La chica fue arrestada y llevada a comisaría, donde se le tomó las huellas digitales, la fotografiaron y la dejaron en una celda durante tres horas. Fue interrogada por sospechas de haber cometido un delito de racismo que ponía en peligro el orden público. Después fue liberada sin cargos.
Todos esos casos son absurdos. Sin embargo, esas reacciones excesivas son una exigencia de la ley. En efecto, según la Race Relations Act del 2000, los docentes están obligados a levantar acta de todo incidente percibido como racista por la víctima o considerado como “palabras de odio”, aunque fueran cometidos por niños. Gran Bretaña lleva a cabo una caza de brujas contra niños que expresan supuestas “opiniones prohibidas”. ¿Cómo se ha llegado a esto?
Por otra parte, los sentimientos se han vueltos más importantes que las acciones. En consecuencia cuando uno de esos grupos se queja de ser insultado, esto es considerado como un aprueba suficiente de que ha habido un incidente racista. Esta sustitución de los hechos objetivos por sentimientos sujetivos ha llevado derecho a la inversión de la justicia y la verdad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario