De
haberlo sabido, el general Montgomery se habría enrolado en la Wehrmacht
en vez de combatir a los alemanes. El presente del Reino Unido es ya aterrador
como consecuencia del sentimiento de culpa inducido a los europeos por los
vencedores de la II guerra mundial. En este caso la realidad supera a la
ficción.
Una adolescente británica de 14 años
desaparecida a la salida de su colegio, fue violada y
asesinada dentro de un restaurante Kebab de Blackpool, una localidad
costera al noreste del Reino Unido. Tras ser asesinada, sus
captores trocearon su cuerpo y lo convirtieron en carne kebab para el
consumo de los clientes.
Los autores del
macabro mantenían esclavizadas asimismo a unas 60 menores de edad y
jóvenes en Blackpool. Las sometían a toda clase de
aberraciones sexuales a cambio de alcohol, cigarrillos y en ocasiones
drogas. Los criminales eran todos musulmanes del Medio Oriente.
Un periodico londinense se ha
atrevido por fin a publicar el caso. Cuentan sus editores que no lo hicieron
antes por temor a ser acusados de racismo.
El caso que ahora se ha descubierto
data de una acusación de asesinato del 2007. Dos hombres de Medio Oriente que
poseen un local de kebab en Blackpool comparecieron ante la Justicia británica
por la desaparición de Charlene Downes, de 14 años, en el 2003.
En las investigaciones llevadas a
cabo por la Policía se descubrió que Charlene, junto con otras 60
escolares, habían servido de esclavas sexuales de los musulmanes. Las
jóvenes permanecían encerradas en un sótano del local.
La sangrienta orgía que acabó con la
vida de Charlene fue perpetrada por once hombres. Entre los acusados de la
violación y el asesinato de la británica se hallaba un jordano, Iyad
Albattikhi, así como un iraní, Mohammad Raveshi, que fue el encargado
de trocear el cadáver de la niña para utilizarlo como carne kebab en el
restaurante.
Pese a las evidencias, entre ellas
una grabación dentro del establecimiento donde uno de los autores admitía los
hechos, el tribunal no pudo emitir un fallo condenatorio contra los musulmanes
al no hallarse ningún rastro de la víctima. Tan sólo pudieron ser acusados
de un delito de proxenitismo, pero al carecer de antecedentes fueron puestos en
libertad.
Cada año desaparece, sin dejar
rastro, más de un millar de jóvenes de raza blanca en el Reino Unido.
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