Las relaciones de la “comunidad” musulmana con el resto de los mortales se resume, mediante la ley del abrogante y abrogado (en caso de contradicción, y son muchas, vale la aleya última), en la llamada aleya de la espada: “matadlos allí donde los encontréis”. Es frase de interpretación clara y asesina. Estas cuestiones tan sencillas, con el peligro que entrañan, se le oculta a la gente en un desarme moral siucida.
La convivencia con los musulmanes es imposible. Su mandamiento por excelencia es matarás… al infiel.
Han asumido una gravísima responsabilidad, quienes como José María Aznar, Jordi Pujol, José Luis Rodríguez Zapatero, Artur Más, Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy, se han dedicado, encima con dinero del contribuyente, a fomentar la islamización de España. Hay barrios y plazas de España que simplemente, no parecen España o no lo son.
Mi libro de crítica al multiculturalismo está titulado significativamente “Chueca o está en Teherán”. La idea de que un barrio homosexual puede convivir con otro integrista es un absoluto delirio que sólo se les ha podido ocurrir a la pandilla de políticos corruptos y dementes que nos gobiernan dedicándose a demoler la sociedad. El multiculturalismo es imposible, degenera en conflicto; ya lo ha hecho, pero lo hará de manera mucho más intensa si no se procede a su desmontaje, que es lo que toca.
Donde hay mayoría musulmana se asesina a los cristianos. En las naciones musulmanas se está perpetrando un auténtico genocidio que se silencia. Son abundantes las informaciones de que la perversa sharía, la ley islámica, se ejerce ya en barrios y ciudades de naciones europeas. El terrorismo de las últimas décadas en Europa es islámico. Proyectar esa situación en el tiempo, con una demografía expansiva, exige dar la voz de alarma y plantear una estrategia europea de revitalización de los valores amenazados de la sociedad abierta y de confluencia de fuerzas sociales y políticas.
De hecho, la nacionalidad debe considerarse relacionada con dos principios: el derecho a la vida de todos los compatriotas y la dignidad de toda persona. Quien no acepte tales principios no puede ser connacional; la nacionalidad le debe ser quitada. Los musulmanes no aceptan ninguno de esos principios.
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