El Ministerio israelí del Interior ha puesto en marcha una ley que permitirá a las autoridades policiales y de seguridad arrestar durante tres años a cualquier persona que entre en el país de forma ilegal, y a entre 5 y 15 años a cualquiera que les ayude o cobije.
La ley, aprobada hace unos años para frenar la entrada de palestinos, ha sido extendida a cualquier inmigrante.
El diario israelí Haaretz informa de que, por primera vez, estos inmigrantes, que ascienden a unos 60.000 en todo Israel, podrían ser enviados a prisión. Un castigo más severo tendrá cualquier persona que les ayude.
En declaraciones al diario Maariv, el ministro del Interior, Eli Yishai, asegura que continuará “la lucha sin cuartel (..) y con todas las herramientas a su disposición para expulsar a los extranjeros, hasta que no quede ni un solo infiltrado”.
Yishai afirma que “la mayoría de los musulmanes que llegan (a Israel) no creen siquiera que este país nos pertenezca a nosotros”.
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