La gente, come, bebe, se viste, toma parte en unas cuantas diversiones y se queda satisfecha al pensar que la generación siguiente disfrutará de la misma tranquilidad contemplativa y llevará también la misma existencia contemplativa, si Dios quiere.
No creo que todas las personas, incluso de las naciones que nos rodean sean felices con esta vida. Al contrario, siempre estoy viendo como la juventud se siente atraída por nosotros, cómo después de una breve permanencia en Alemania apenas si quiere ya regresar a su tierra, como les emociona el saberse partícipes de un movimiento histórico mundial, pues no existe duda alguna en tal aspecto: el mundo se encuentra acualmente en una evolución caracterizada por la crisis.
La que estamos viviendo es, sobre todo, la crisis de la democracia. Y por consiguiente, también la crisis de los Estados, de las formas estatales en sí,pues lo que hoy comprendemos bajo la palabra "Estado", lo que se nos muestra como realidad bajo el concepto "Estado", es la antítesis más natural del concepto "democracia".
Este Estado, al igual que todos, ha surgido por la eliminación de los puros intereses del capricho y también del egoísmo del individuo. La democracia aspira a colocar al individuo en el centro de todo el acontecer nacional. Por lo tanto, es imposible que a la larga pueda escapar a la crisis que ha de resultar de tal disparidad de criterios.
En Alemania, esta forma de democrática ha sido sustituída por el Estado nacionalsocialista.
Ahora bien, hay algo que hemos de admitir como seguro: esta lucha que yo califico de crisis de las democracias es una lucha inevitable, y terminará por surgir en todas las naciones del mundo, surgirá sin remedio, sin que tenga importancia en sí el tiempo que transcurre hasta dicho momento. Lo mismosi esta lucha estalla en Francia en 1937, o en 1940, o en 1970, el plazo no tiene importancia alguna. Tampoco la tendría aunque el estallido se produjera en el año 2000. Lo que es seguro es que, a la larga, el Estado no puede existir cuando está dirigido por una democracia parlamentaria. Esto es seguro. Y también lo es que del contraste existente entre el Estado y esta democracia parlamentaria nacerá un día una situación de crisis que conducirá a un estado de tensión, tras el cual, como es lógico, vendrá una distensión. Lo que no es seguro es la forma en la que los diversos Estados solucionarían particularmente este problema. Unos lo solucionarían siendo víctimas de una dominación extranjera, otros pueblos tengan, quizás las energías suficientes para salir sin ayuda extraña de este problema, para resolverlo por sí mismos.
Al considerar esto, todos nos damos perfecta cuenta de que este Estado es la fuente de todo nuestro rendimiento. Nosotros los nacionalsocialistas, hemos hallado una definición concreta para el Estado: decimos que el Estado no puede ser una organización, llamémosla X, de un número X, de personas, sino que únicamente tiene sentido cuando su cometido fundamental es el mantenimiento de una nacionalidad viva. Ha de ser no solamente el mantenedor de la vida de un pueblo, sino, sobre todo, el mantenedor de la identidad de un pueblo. De lo contrario, el Estado no tendrá, a la larga, sentido alguno, pues carece de sentido formar una organización por la organización en sí.
Fragmento del discurso de Adolf Hitler a los "Kreisleiter". 29 de abril de 1937
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