BOLETÍN INFORMATIVO DISIDENTE NACIONAL REVOLUCIONARIO

viernes, 20 de julio de 2012

PASAJES DE LA HISTOIRA


ALZAMIENTO NACIONAL DEL 18 DE JULIO

La sublevación militar contra el legítimo Gobierno de la República acabó siendo designada por los ideólogos golpistas con la costista expresión de Alzamiento Nacional. En realidad, no lo fue hasta que fracasaron las expectativas de los dirigentes militares de un golpe de Estado rápido y contundente cuando de hecho se dio entrada en el movimiento sedicioso a partidos y agrupaciones capaces de movilizar masas importantes. Los primeros acontecimientos fueron protagonizados exclusivamente por unidades militares; la sublevación comenzó el 17 de julio en Melilla y al día siguiente se habían sumado gran parte de las guarniciones militares, aunque fracasaron la mayor parte de ellas. El triunfo o fracaso de los insurgentes en los diferentes lugares dependió del grado de preparación del golpe, del ambiente político en la región y, en ocasiones, de la mera casualidad; se impusieron rápidamente en Galicia, la Castilla del norte, Aragón, Navarra, Canarias, Mallorca y las plazas africanas; y fracasaron en las grandes ciudades y en las regiones industriales.
En Madrid los sublevados apenas pudieron hacerse con el aeródromo de Cuatro Vientos y con el Cuartel de la Montaña; ambos centros fueron tomados, tras cortos pero sangrientos combates, por unidades fieles a la República y por las primeras masas de obreros que fueron armadas por los sindicatos. La sublevación en Barcelona dependía de que se pusiera al frente de ella el general Goded, que había levantado Mallorca, pero incluso antes de su llegada la situación había sido controlada por las autoridades republicanas y de la Generalitat, pero sobre todo por la intervención de las masas sindicales armadas, en especial de la CNT. Por contra, la delicada situación del general Queipo de Llano en Sevilla logró salvarla con un ejercicio insólito de imaginación, utilizando la presión psicológica sobre la población mediante emisiones de radio y haciendo circular constantemente a las escasas unidades que disponía. 

La primera semana de la sublevación fue crítica y en gran parte la suerte de la República se jugó en las decisiones de los dirigentes de uno y otro bando. Sanjurjo, que debía hacerse cargo de la dirección de la campaña, murió en un accidente de aviación, dejando descabezada momentáneamente la jefatura de los nacionales, como desde un principio se autodenominaron. El gobierno republicano tenía en sus manos los medios suficientes para abortar la intentona golpista.

El fracaso de un pronunciamiento rápido y contundente dio paso al segundo plan de guerra: la tenaza sobre Madrid del ejército del norte y el de África, al frente de los cuales se encontraban los generales Mola y Franco. El hecho que hizo saltar las posibilidades de la República fue el traslado de las unidades del ejército colonial en Marruecos a la Península; era el único cuerpo militar con real experiencia de combate y su actuación fue decisiva. Pero incluso esta segunda fase resultó también fallida ante la resistencia de la capital; este relativo fracaso del Alzamiento hizo que España quedara dividida en dos. Lo que se había preparado como una corta campaña degeneró en una cruenta Guerra Civil que, contra todas las expectativas anteriores, duraría tres años.

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