BOLETÍN INFORMATIVO DISIDENTE NACIONAL REVOLUCIONARIO

lunes, 5 de marzo de 2012

EL SINDICALISMO ESPAÑOL NO ES TAL, ES CORPORATIVISMO



A veces algunos textos te pueden sorprender por su gran dosis de precisión respecto a la realidad político-social que nos rodea. Sorpresa mayúscula cuando los hechos reales que describen acaecieron decenas de años atrás.
Es tal el caso de este fragmento de Hubert Lagardelle en el que describe el sindicalismo, primero, describiendo lo que no es. Y entre los ejemplos de lo que no es, tenemos el corporativismo. Ya a principios del siglo XX Lagardelle podia distinguir con total exactitud las diferencias entre estos dos modelos de organización obrera.
Al leerlo podemos ver perfectamente como la descripción de corporativismo encaja perfectamente en los supuestos sindicatos mayoritarios españoles: CC.OO. y UGT.
Las diferencias entre organizaciones sindicales y corporativistas son políticas y culturales. Con este texto de Lagardelle podemos afirmar con total rotundidad como la actividad de los sindicatos españoles no es sindicalismo, es coporativismo.
Pero para verlo claramente, vayamos al fragmento de Lagardelle, disfrutad su visión preclara. E, insisto, este texto fue escrito a principios del siglo XX, aunque al leerlo sintáis que es totalmente contemporáneo…
Y dice Lagardelle…
“El sindicalismo es la teoría que presta a las organizaciones obreras profesionales, animadas de espíritu revolucionario, un valor de transformación social.
El Corporativismo y el sindicalismo tienen bases comunes; es decir, uno y otro están constituidos por grupos profesionales. Pero el corporativismo no aspira a renovar el mundo(Nota Interregnum XXI: cómo si aspiran los verdaderos sindicatos marxistas, o a renovar la Nación, cómo aspiran los Nacional-Sindicalistas) El Corporativismo desea simplemente mejorar la situación de los obreros que organiza, proporcionándoles en la sociedad actual un puesto cómodo. No es ni más ni menos que una de las múltiples agrupaciones de intereses que pululan en torno de nosotros. Así como los capitalistas se asocian para fructificar sus capitales, del mismo modo los trabajadores aunan sus esfuerzos para conseguir ventajas inmediatas.
El sindicalismo acusa al corporativismo de agudizar por eso el egoísmo corporativo. Al transformar los Sindicatos en Agencias de Negocios, al no darles como objetivo más que preocupaciones materiales lanzándolos en la senda de las puras empresas mercantiles, desarrolla sólo en ellos la preocupación de sus intereses particularistas, en perjuicio de los intereses generales de todos. El proletario se encuentra de este modo dividido, en contra suya, en un fraccionamiento infinito de grupos no solidarios, que persiguen separadamente sus reivindicaciones especiales. No les une ninguna lucha común, ningún lazo interior les solda, ninguna gran idea política les anima.
El corporativismo no sólo eleva esta muralla entre los grupos profesionales, sino que también pone en oposición a los sindicados con la masa de no sindicados. Constituye una aristocracia obrera extremadamente dura. Estos obreros de organizaciones fuertes, de una jornada de trabajo corta, que tienen abarrotadas las cajas de resistencia, forman una pandilla de aprovechados, celosa de sus privilegios, indiferente a las miserias del prójimo, que desprecia todo lo ajeno y sólo se preocupa de sus prerrogativas.Poco le importan las batallas que, debajo de ella o a su lado, emprenden otros trabajadores menos favorecidos: los negocios son los negocios.
El Corporativismo, a los ojos del sindicalismo, liga en virtud de eso las capas económicamente superiores del proletariado a la burguesía. Un común ideal de vida burguesa es el que empuja aquí tanto a los obreros como a los capitalistas, a alcanzar beneficios por los mismos procedimientos. Los grandes Sindicatos, organizados conforme el tipo corporativista, no se diferencian en nada de las grandes asociaciones patronales; en ellos, como en éstas, existe la misma centralización, la misma práctica de compromisos, la misma preocupación exclusiva del poder financiero. Es natural. La autoridad de los jefes, indispensable para la buena marcha de los negocios, se impone igualmente a una empresa obrera que a una empresa burguesa. Los conflictos entre asalariados y capitalistas, desde el momento en que se reducen a meras disputas entre comerciantes, no pueden dar otro resultado que alianzas análogas a las transacciones comerciales. En fin,como se parte del principio de que el dinero dirige el mundo, los sindicatos se convierten lógicamente en las casas de banca y sociedades de seguros del proletariado, que acumulan los capitales para obtener beneficiosy en previsión de los riesgos.
[...] Cierto que los éxitos materiales obtenidos por la práctica corporativa pueden a veces asombrarnos como nos sorprenden los resultados de un negocio comercial financiero bien dirigido. Pero no ofrecen nada nuevo que interese al porvenir social y tenga algún valor para la cultura“.

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