(Las imágenes contenidas en el video podrían herir la sensibilidad de oenegistas, viejas ñoñaz y buenistas de moral recauchutada). En algunos barrios de Atenas, grupos de griegos patrullan las calles para protegerse de los contínuos robos y agresiones cometidos por los inmigrantes ilegales, responsables de la gran inseguridad reinante. La Policía reconoce estar desbordada por el aumento de la criminalidad en el país.
Por este motivo y ante la impotencia que sienten al comprobar cómo su trabajo acaba casi siempre con la puesta en libertad del delincuente, la tensión se está disparando en el país cuna de la civilización occidental. En las imágenes que ofrecemos a los lectores se observa a un grupo de policías griegos uniformados y otros de paisano (o unos simples vecinos) dando una paliza a un inmigrante asiático que fue pillado in franganti quemando un contenedor. (Pinche aquí para ver video).
Aunque las imágenes pueden herir la sensibilidad de algún lector de moral elástica, se trata de la lógica respuesta ante un problema, el de la inseguridad en las calles, que ha crecido de forma proporcional al desinterés de los políticos tradicionales por atajarlo. Sólo el pasado año se perpetraron más de diez mil acciones delictivas contra intereses de ciudadanos griegos. En la mayoría de los casos, sus autores fueron puestos en libertad a las pocas horas. Como se ve, los políticos helenos, pertrechados en zonas residenciales vigiladas día y noche, quieren quedar bien con Bruselas a costa de a las capas sociales con menos recursos.
Así, los ataques a extranjeros extracomunitarios se han multiplicado en Grecia en los últimos meses. Debe ser el único país europeo donde los inmigrantes procedentes sobre todo de África y Asia temen frecuentar algunos barrios por temor a las agresiones de los vecinos autóctonos, quienes organizados en patrullas ciudadanas recorren las calles en prevención de nuevos delitos. Algunas ONG como Médicos del Mundo ya han puesto el grito en el cielo y piden a las autoridades griegas que ponga fin a la presencia de patrullas vecinales en las calles. De los robos y destrozos perpetrados por extranjeros en barrios casi siempre marginales, ni media palabra.
Los griegos acusan a los inmigrantes de crear inseguridad y de robarles el trabajo. Afganos, bengalíes, iraníes, kurdos, iraquíes, africanos de diversos países y otros inundan las calles de Atenas y de las demás ciudades griegas. Los miembros de las distintas comunidades de inmigrantes denuncian la indiferencia de la Policía, que se muestra reticente a intervenir contra los grupos de vigilancia por miedo a represalias. La situación es tensa y amenaza con explotar en cualquier momento ya que entre los inmigrantes se levantan voces que amenazan con pasar a la acción contra los “fascistas”.
En Grecia entran anualmente unos 56 000 inmigrantes ilegales cada año. Las asociaciones de inmigrantes se quejan de las pésimas condiciones de acogida que ofrece Grecia a los recién llegados.

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